

Autor: Renny Yagosesky
4.- El Miedo al Éxito
En artículos anteriores ya me he referido al tema del éxito. Lo he definido como la capacidad de lograr objetivos conscientemente y al mismo tiempo mantener el equilibrio orgánico, ya que una serie de logros que se llevan la salud "en los cachos", no merecen llamarse éxito.
Este éxito, es decir, la capacidad de lograr buena parte de lo que queremos y de sentirnos bien al mismo tiempo, es alcanzable por millones de personas que cuentan con los requisitos de inteligencia, conciencia, paciencia, perseverancia, sentido común y otros recursos favorables que ayudan a consolidar nuestros propósitos, siempre que sepamos usarlos adecuadamente.
Sin embargo, pese a la certeza de poseer ese potencial, muchas personas con opción a llegar más alto y más lejos, se auto sabotean, no arrancan, abandonan y frenan su propio progreso. Esta demostración de baja autoestima, puede asociarse con bloqueos internos, con miedos ocultos, de los cuales revisaremos cuatro bastante frecuentes: Miedo a no llegar o a no alcanzar el éxito, miedo a perder lo que se logra u obtiene, miedo a ser envidiado por los demás y miedo a no adaptarse a los cambios.
El miedo a no llegar es frecuente en los procesos de avance que ponen a prueba nuestra auto confianza. Muchos creen que no tienen la capacidad para lograr lo que persiguen y tienden a quedarse a mitad de camino.
Es frecuente que encuentren excusas que justifiquen su falta de voluntad y audacia, y que se adhieran a frases hechas, como: "la vida es dura", "los ricos están completos", es preferible ser pobre pero honrado, "no es el momento", "muchos lo han intentado y tampoco han podido", etc. Todo o tener o o sostener la confianza necesaria.
El miedo a perder es común en una sociedad en la que tanta gente quiere objetos, estatus, prestigio y poder. Aferrarse a esta manera de vivir, hace que algunos mantengan un nivel mediocre desde el punto de vista material, y que arriesguen bastante menos de lo que podrían. Suelen fijarse en lo que los demás pierden y buscan verificaciones a sus desastrosas teorías sobre los peligros que corren quienes tienen logros evidentes. Los que viven así, llegan al piso cuatro pudiendo llegar al diez. Su creatividad es usada para defenderse, en vez de ser usada para avanzar un poco más.
El miedo a la envidia es uno de los más limitantes en una sociedad dividida en clases sociales donde hay gente con mucho y gente con poco. Los desposeídos son presa fácil de este bajo sentimiento que proyectan hacia los que han logrado acumular ganancias o mejoras en cualquier área.
Alguien dijo un día: "Nada es de nadie mientras exista alguien que lo ansíe". De manera que para no tener que ser blanco de las mirada recelosas, los comentarios agrios y las acciones desleales, hay gente que prefiere seguir en el anonimato y dejar de un lado parte de lo que anhela.
El miedo a no lograr adaptarse a los cambios, este miedo a lo nuevo, es comprensible. Por lo general nos sentimos cómodos con lo que sabemos, conocernos o manejamos; preferimos aquello en lo que tenemos experiencia y destreza.
Evitamos lo que nos pueda hacer quedar en ridículo, lo que nos produce inseguridad, duda o necesidad de mayores esfuerzos. Aunque cueste creerlo, sé de personas que nunca han pisado el "metro de Caracas" por miedo a no hacer lo correcto. Conozco personas que evitan ir a los grandes centros comerciales, porque se sienten tensos y creen que todos se dan cuenta de su bajo nivel económico.
Es pertinente decir que el miedo al éxito puede darse en cualquier área de nuestra vida: en el trabajo, en las relaciones y hasta en la salud. Por ejemplo, es fácil que despreciemos la oportunidad de un mejor trabajo con la excusa de no estar preparados o que la sede está muy lejos de nuestra casa; o que decidamos no salir con alguien que nos agrada y elijamos buscarle defectos para no tener que arriesgarnos.
En el plano de la salud, es frecuente que, sanada una enfermedad, nos auto saboteemos y la promovamos de nuevo, si eso hace que encontremos apoyo de la gente que nos rodea o nos evita tener que actuar de forma independiente.
Para vencer estos obstáculos hay que ir hasta el fondo, donde están nuestras creencias; buscar lo que nos enseñaron sobre el éxito y el fracaso, y modificar lo que nos decimos a nosotros mismos y al mundo en general.
Se hace indispensable trabajar en el desarrollo de la auto confianza. Para eso se requiere pensar positivamente, dejar de compararse, ir ampliando los logros de lo más pequeño a lo más ambicioso, premiarse cada vez que se logra algo, no "regar a los cuatro vientos" lo que estás planeando, y aceptar que cada persona es responsable de su propia vida. Es recomendable comprender que las cosas y el dinero pasan de mano; que no se puede evitar tener algo hoy y perderlo mañana.
Existe una ley de funcionamiento del universo a la cual se refirió Hermes Trismegisto hace miles de años: la ley de flujo y reflujo, que nos dice que todo se mueve de un lado a otro en un ir y venir. Quien acepta esta ley vive mejor y más tranquilo. Recordemos que al final todo se lo llevará el tiempo.
Así que busca en tu interior y descubre si alguno de estos fantasmas te atemorizan y comienza desde ya a combatirlo. Lo que Dios te ha dado es para que lo uses, para que vivas bien y ayudar a otros a vivir dignamente. Lo primero, sin embargo, es elevarte tú y predicar con el ejemplo. Gracias por leerme.
