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Sepelio de YOLANDA RUEDA ACEVEDO

CARMEN ROSA PINILLA DÍAZ, Historiadora, Zapatoca, Colombia

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Zapatoca, Colombia

YOLANDA RUEDA ACEVEDOEl lunes 12 de enero de 2009, en  un lamentable accidente automovilístico perdió la vida la señora YOLANDA RUEDA ACEVEDO,  hermana del Pbro. ORLANDO RUEDA ACEVEDO, Rector de la Universidad Santo Tomás, de la ciudad de Bucaramanga.

La señora Yolanda, conocida por muchas generaciones de zapatocas, toda vez que trabajó durante toda su vida como ejemplar secretaria del Juzgado Promiscuo Municipal de la Ciudad Levítica, estaba casada con el Sr. Elí Jaimes Martínez  y deja huérfanos a seis hijos: Dorian Rolando, Fredy Jampier, Denis Clarena, Maritza, Domingo, y Ana Johely

La vida tiene muchas paradojas difíciles de entender, sino aceptar de acuerdo a la voluntad del Creador:  Yolandita, como cariñosamente le decíamos por su dulzura, su don de gentes, su alegría innata, vino a morir  a las puertas de su jubilación, pues  le faltaba un mes para recibir el premio a su labor tesonera de tantos años y a los múltiples sufrimientos que tuvo que soportar por los diferentes problemas que tiene la vida y que no faltan en ninguno de los hogares; soñaba con dedicarse por completo a sus hijos y a sus nietos, pero el destino quebró abruptamente esos lindos ideales que como madre solícita quería vivir con su generación.

 

La vida se condensa en muchos refranes que dicen de las situaciones del diario vivir, y hay uno que refleja perfectamente lo sucedido con Yolanda, “nadie sabe para quién trabaja”, queriendo decir las ironías del destino, cuando ella estaba haciendo planes para seguir al lado de su familia, dedicarse por completo a ella, sacar adelante a sus nietos y darse las satisfacciones que no pudo en vida, por las diferentes circunstancias , fallece dejando en manos ajenas el esfuerzo de tantos años de lucha y de silencios.

Sepelio de YOLANDA RUEDA ACEVEDO

La solidaridad demostrada en el sepelio de esta buena amiga, esposa, madre y abuela dio a entender la gratitud del pueblo Levítico hacia esta familia que  han demostrado, en el padre ORLANDO RUEDA ACEVEDO,  el gran amor que sienten por el pueblo que los vio nacer; Yolanda jamás se pudo imaginar que  la comunidad en pleno, con la presencia de más de veinte  sacerdotes de la Congregación Dominicana, como igual de sacerdotes de la Diócesis de Socorro y San Gil, como de otras Parroquias, acompañara sus restos mortales al Cementerio central de su Zapatoca del alma.

Los coros de la Universidad de Santo Tomás amenizaron la solemne Eucaristía que su hermano,  el padre Orlando, ofreciera al Dios de las Misericordias por el alma de esta querida hija de la Ciudad Levítica.

La homilía dirigida por  su hermano, el rector de la Universidad, dejó en total silencio a la comunidad congregada frente al ataúd de los despojos mortales de su hermana Yolanda; en mi mente aún resuenan las palabras que el sacerdote ofreciera agradeciendo la asistencia a la ceremonia:

“Hermanas, hermanos en el Señor, en estos momentos de intenso dolor, pero de profunda alegría viene a mi mente una linda parábola donde explica muy bien el instante que estamos viviendo: unos niños jugaban frente a su casa y le pidieron al Señor les regalara un jardín, con muchas flores de distintos matices; a la mañana siguiente, cuando sus padres los levantaron para ir a la escuela, encontraran al frente de su humilde morada  un hermoso prado donde se levantaban las flores más lindas  nunca vistas por allí. Los niños, profundamente emocionados saltaban de alegría y  en agradecimiento al Señor, levantaron un altar y todos los días al amanecer y al  anochecer  se hincaban de rodillas para agradecer a Dios el  lindo regalo de su jardín.

Misa en el Sepelio de YOLANDA RUEDA ACEVEDOUn día, uno de los niños divisó una flor hermosísima que sobresalía de en medio de todas las demás, era de un color rojo intenso, que despedía un suave perfume que se expandía por todo el vecindario; todos las  mañanas  los niños saludaban la flor, la acariciaban con sus manos y le estampaban un beso de amor filial y fraternal, y la flor parecía entenderles, pues mecía sus pétalos dilatando su aroma  por toda la campiña.

Pero un día la flor no apareció, alguien se la había robado; los niños desesperados la buscaron por todo el vecindario, la preguntaron aquí y allá  y más  allá, pero nadie les dio razón; llorando, los niños se dirigieron al altar para pedirle al Señor que se la  hiciera aparecer  porque no podían más con la tristeza, y allí encontraron la flor, se hallaba   dentro de un hermoso jarrón de fina  plata; el Señor mismo se la robó para que adornara el altar de su Padre Dios, porque sabía que una flor tan hermosa no debía estar en cualquier lugar, sino adornado el jardín de la Casa del Altísimo; entonces los niños lloraron, pero de alegría y entusiasmo porque comprendieron el verdadero significado de la presencia allí de su valioso regalo.

Esa flor, queridos amigas y amigos se llama Yolanda, que hoy se encuentra adornando el altar de nuestro Padre Dios; Él quiso llevársela cuanto antes porque la necesitaba allá arriba donde ahora  se encuentra, por eso no debemos seguir llorando de tristeza, sino de profunda alegría porque sabemos que ella está en el jardín del Edén.

Igualmente el Evangelio nos trae otra hermosa lección de amor, de fe y de esperanza: En Betania, una aldea cerca de Jerusalén fallece Lázaro,  un gran amigo de Jesús;  Martha manda un mensajero a  informar al Maestro de la muerte de su hermano; cuando Él llega, la impetuosa mujer, a gritos,  le recrimina su ausencia, “si tú hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano”; Jesús la mira con infinita dulzura, no le reprocha su proceder, sin que le hace una sola pregunta, “Martha, tú crees en mí?”; ella responde de inmediato, “Sí, Señor, yo creo en Ti y sé qué Tú eres el  Mesías”; Él le responde, “entonces, tu hermano resucitará”; ella le dice, “Si, Señor, yo sé que él resucitará en el último día”; Jesús le dice, “Martha, Yo soy la Resurrección  y la vida, el que cree en Mí, aunque haya  muerto, resucitará y vivirá”.

Hoy, Él, a mí y todos nos hace la misma pregunta: “Orlando, Mario, Olid, Domingo, y a mis sobrinos, ¿ustedes tú creen en Mí? , qué debemos responder?:   “Si, Señor, creemos en Ti,  y él nos contesta,  “entonces, tu hermana y tu madre,   resucitó para la vida”, por eso , no debemos estar tristes, al contrario, alegrémonos en el Señor porque nuestra hermana Yolanda está  viva en las manos de Dios;   el Señor de la Misericordia le dijo a Sor María Faustina que si el mundo se diera cuenta de cómo el Padre ama a sus hijos y que si nosotros, diariamente le decimos , con fe, con amor y esperanza, “Señor, yo creo en Ti”, Él nos resucitará de acuerdo a su promesa, y la Palabra de Dios se cumple. 

Por eso, amigos, hoy no es un día para llorar de dolor, aunque el corazón nos sangre por la tristeza de la partida, porque somos humanos, debemos también  sentir alegría porque sabemos que Yolanda, papá y mamá, están vivas para el Señor y desde el cielo nos están viendo e  intercediendo por nosotros; Santo Domingo, cuando estaba para morir, les dijo a sus alumnos y los que allí se encontraban, “no lloren por mí, porque desde el cielo les puedo ser más útil”, de modo que nuestra hermana, madre  y amiga Yolanda está con el Padre recibiendo la corona inmortal que ella se merecía.

Mentalmente, y en un minuto de silencio, digámosle al Señor cuánto lo amamos y cuánto creemos en Él, digámosle con el corazón, “Jesús, yo creo en Ti..”

Ritos religiosos durante la misa de SepelioEl pueblo guardó un minuto de silencio, en  un recogimiento tan profundo que solo se oía el cruzar del viento entre  las columnas del  hermoso Templo de Zapatoca. Terminada la ceremonia, la procesión con el féretro de  Yolanda, en calle de honor entre los sacerdotes que la acompañaban se dirigió hacia el Cementerio local, escoltada igualmente entre los acordes de la Banda de Marchas del Instituto Técnico Santo Tomás, quienes magistralmente interpretaron música religiosa, como un preludio del ambiente de fiesta que se estaría viviendo en el Cielo a la llegada del alma de nuestra querida amiga.

En el Cementerio el Sr. Rafael Serrano Prada hizo un panegírico de esta ilustre familia, cuna de grandes hombres que le han dado vida espiritual y cultural a la Ciudad Levítica, toda vez que el Padre Orlando ha entregado el  alma y el corazón a la tierra que lo vio nacer y es el abanderado, con el padre Juvenal Landínez Porras, nuestro querido Párroco, de la nueva cosecha espiritual que adornará los jardines del Seminario Conciliar, como igual de  su familia Dominicana, que con  la presencia del Director General de la Congregación en el mundo dieron el último adiós a nuestra querida Yolanda.

A los acordes melancólicos del toque de diana por cuenta de un estudiante de Instituto, los despojos de mortales de nuestra amiga se confundieron con la tierra, como lo manda el Evangelio, mientras el Padre Juvenal, la despedía con la última bendición.

PAZ EN SU TUMBA

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