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Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

Hace muchos años, un zapatoca, de los de buen humor, en una tertulia comentó que sus paisanos eran tacaños; desde entonces, la enfermedad de la malevolencia consagró injustamente y con sarcasmo la fama de esa mala condición para los de la Ciudad Levítica: que los zapatocas, en sus viajes de negocios al Socorro, llevaban un corozo que les servía de alimento en sus viajes, tanto de ida, como de regreso; que apagan el tabaco y lo dejan resguardado al entrar a la Iglesia, para tomarlo y reencenderlo al salir; que corren en pos de un cerillo encendido, para ahorrar los propios; que en una corrida de caballos, el de Zapatoca perdió la carrera porque se paró encima de una moneda de centavo, para que nadie la viera; y mil anécdotas más que corren propagadas por los mismos zapatocas, como los cuentos de los pastusos.

Sin embargo, en todas partes los zapatocas son solicitados y aceptados para puesto de responsabilidad y confianza donde se necesiten personas con eficiencia y responsabilidad; dicho brevemente, los zapatocas no son rastracueros; rastracueros es el ostentoso vulgar, el que gasta lo que no tiene supliéndolo con malas artes: "nada que haga tanto ruido, cuando se arrastra, como un cuero, y sin embargo, nada tan vil y despreciable".

El factor humano de esta región es sobrio, consagrado, inteligente y emprendedor, a la vez que animado de un valiente espíritu de sacrificio; y esto tiene su explicación en dos características de influencia decisiva en el temperamento: la sangre heredada y la tierra en que se vive, porque es el forjador de la reciedumbre y parquedad del tipo especial; el suelo avaro y adusto no paga con generosidad el sudor del que lo labra, ni concede largas a la pereza y la holgazanería.

 

La tierra árida y desértica, como las nuestras, obliga al trabajo asiduo y permanente, y recompensa el esfuerzo tenaz y corajudo; quien mire y vea la región que constituye el municipio de Zapatoca, se sorprende al ver cómo, en esos pajonales estériles se obtienen cultivos, al considerar cómo ha vivido nuestra gente y en qué forma nuestros abuelos criaron y levantaron familias de diez, quince y hasta veinte hijos, con modestia, pero con aseo, sin lujos, pero con decoro.

Esto es el zapatoca: sobrio y económico, no tacaño, porque lo que tiene lo ha adquirido con esfuerzo y sudor; serio, pero con humor, porque sabe que los bienes solo perduran cuando se merecen por el propio luchar; celoso de lo obtenido, porque, quien ha luchado por alcanzar un bien, no lo entrega fácilmente a los holgazanes.

Manos solidarias con el mundoSólo hay dos cosas que no sabe hacer un zapatoca: mendigar humillándose y gastar en futilerías el producto de su trabajo; tal vez en esto SÍ somos tacaños: en no darle al que no lo merece, al que no ha luchado por subsistir, al que espera que todo le llegue en bandeja de plata, en perder el fruto de su esfuerzo comprando cosas, que a la larga, no va a necesitar; en cambio, cuando de generosidad se trata, por aliviar el sufrimiento ajeno, de contribuir a una obra grande, que mañana puede ser de ayuda mutua, el zapatoca no se detiene en nimiedades: da con manos llenas, con altruismo; ejemplos los tenemos, en primer lugar, en el Hogar San Antonio: es de los pocos que aún pueden subsistir en medio de la estrechez economica en que vive el paìs.

Otro ejemplo hermoso: el barrio San Vicentico, constrúído hace cien años por los "tacaños" de Zapatoca, a favor de sus hermanos más queridos, los pobres vergonzantes; no se conoce un pueblo en Colombia, que con orgullo ostente un barrio de tal categoría; por otra parte, se conoce de muchas personas que mensualmente sostienen niños en el comedor estudiantil, que dan mercados a familias de muy escasos recursos; sus nombres solamente los conoce el Señor, porque muy bien dice la Biblia, "que tu mano izquierda, no sepa lo que hace la derecha". ESTOS SON LOS TACAÑOS DE ZAPATOCA.

 

 

ZAPATOCA, Más que un Dulce Recuerdo
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