
Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca
Fotografías enviadas desde Zapatoca por: Martha Isabel Orejarena Prada
Padre Juvenal, autoridades civiles y militares, Policía Cívica Juvenil, estudiantes y profesores de las dos instituciones educativas, integrantes del coro Aires de mi Tierra, integrantes de la banda municipal, Soles y Bemoles, querido pueblo de Zapatoca.
No es necesario remontarse en el tiempo para referir la agonía de nuestra madre colombiana, desde el imperio español; en las colonias se estaban produciendo unas insurrecciones locales, que los del virreinato las consideraban rebeliones sin menor importancia; los cambiantes gobernantes españoles, no pudieron darse cuenta que los pueblos de ultramar iniciaban el proceso de un lento y masivo despertar y llegaron a suponer que la independencia de América no era sino un "revés" momentáneo de fácil arreglo y esperaban que bien pronto habrían de regresar al redil de la "madre patria", esas colonias que no podían actuar por sí solas.
La historia del Nuevo Reino de Granada, hoy, nuestra sufrida y amada Colombia, desde su constitución como colonia española, nunca fue del todo pacífica: en 1781, el Año Comunero, las cosas comenzaron a cambiar y no propiamente en el sentido de una mayor y más extendida participación del reino; no deja de ser significativo el hecho, de que en la revolución comunera, que se extendió por casi todo el territorio del virreinato, no solamente participó el campesinado mestizo, los mulatos desheredados y los esclavos, sino los blancos pobres y algunos de los criollos acomodados y de mayor significación en las distintas provincias comprometidas.
En la noche del 9 de julio, las autoridades criollas y los vecinos del Socorro se levantaron contra el corregidor, José Valdés Posada, que se había convertido en el terror y espanto de toda la Provincia y que pretendía acabar con los principales americanos de la Villa, por considerarlos envueltos en una nueva conspiración. El 19 de julio, llegan a Santafé las noticias de lo acaecido en el Socorro; varios patriotas, entre ellos Camilo Torres, José María Carbonell y José Acevedo y Gómez, se reúnen al amparo del sigilo para dialogar sobre los hechos acaecidos en la Villa socorrana y las pautas a seguir, para no dejar apagar la chispa que se habia encendido nuevamente.
Los sucesos del 20 de julio se iniciaron por un simple roce entre un español y un americano, situación que encendió la chispa que llevó felizmente al grito de Independencia y la expulsión definitiva del virreinato español, después de los acontecimientos del 7 de agosto de 1819, sellándose para siempre la libertad por la dominación extranjera.
Lamentablemente hoy, despuès de tantos años de lucha, de sangre y de muerte, seguimos enfrascados en la violencia, no ya de colonias, ni partidista, sino en algo más tétrico, como es la violencia entre hermanos, bañando el suelo patrio con ríos de sangre, dejando el país sumido en el dolor de muchos huérfanos y viudas; a lo largo de la historia hemos visto, cómo la nación colombiana ha sufrido una secuencia interminable de violencia; incluyendo nuestro pequeño patrio suelo, aquí, en la plaza mayor de Zapatoca, entre los años 1810 a 1819, fueron pasados por la espada, el machete y la guillotina, paisanos nuestros, que se distinguieron por las ansias de libertad: entre otros, Fidela Ramos, Evangelina y Marcelino Díaz, cubriendo con su sangre el parque Policarpa Salabarrieta.
Desde 1830 y desde siempre, los esfuerzos realizados para enfrentar esta secuencia interminable, lo más que han logrado es cambiar unas modalidades de violencia por otras, todo lo cual ha llevado a que se arraigue la cultura del dolor, que mientras no la aceptemos y enfrentemos, todo lo que hagamos será atender unos síntomas, más no curar la enfermedad. La metodologìa de la guerra ha cambiado: ahora se utiliza la libertad de las personas, como instrumento para alcanzar supuestos objetivos políticos o retribuciones económicas, despreciando lo más elemental de los derechos humanos, LA LIBERTAD.
Bolívar, Santander, Nariño, José Antonio Galán, Manuela Beltrán, entre otros, siguen vivos en la memoria de las generaciones que anhelamos un mejor país, con más oportunidades de trabajo, de mejor preparación intelectual, con más líderes que continúen recordando que debemos permanecer concentrados en lo que debemos hacer para triunfar, para tener el gozo de levantarnos en las mañanas y saber que hay un nuevo día y unas nuevas oportunidades para ser felices, para rendir un homenaje a la LIBERTAD Y AL ORDEN, palabras sublimes de nuestro ESCUDO NACIONAL.
Comunidad libre y en paz de Zapatoca: no permitamos que con el correr de los días, después del glorioso amanecer de la libertad de Ingrid Betancur y los demás hermanos nuestros, pase a un segundo plano el doloroso drama de las familias que llevan días, meses, años, esperando el retorno de sus seres queridos, de aquellos compatriotas nuestros que, encadenados, se pudren en las mazmorras de las selvas colombianas, esperando igualmente el amanecer de otra nueva independencia, el de sus libertades.
Desde aquí, desde este pedazo de cielo que el Señor nos regaló, con entusiasmo gritemos todos a una voz: LOS QUEREMOS VIVOS, LIBRES Y EN PAz. Muchas gracias.
