
CARMEN ROSA PINILLA DÍAZ - Historiadora - Zapatoca, Colombia
Durante el homenaje a los Alumnos de la Primera Promoción de Bachilleres año 1958 del Colegio Salesiano (hoy Instituto Técnico Santo Tomás) organizado por la Alcaldía Municipal de Zapatoca y el Centro de Historia, intervinieron como oradores, los Doctores OCTAVIO GUTIÉRREZ RUEDA, como Alcalde Municipal, CÉSAR ARDILA GÓMEZ, Presidente del Centro de Historia de Zapatoca, y RAFAEL SERRANO PRADA, Gerente General de la Emisora Radio Lengerke y el Periódico El Frente. De éste último interviniente no tenemos el discurso, ya que el suyo no fue escrito.
Para ver las fotografías del evento, haz clic en los números que aparecen en medio del texto.
A continuación, el discurso pronunciado por el señor Alcalde OCTAVIO GUTIÉRREZ RUEDA:
ASÍ ÉRAMOS EN 1849
Señores miembros de la Academia de Historia de Santander, en el Centro de Historia de Zapatoca, exalumnos del Colegio Salesiano de Santo Tomás de Aquino, exalumnos de otras promociones, integrantes de la Banda de Marchas del Instituto Técnico de Santo Tomás, señoras y señores:
El 12 de octubre de 1492 nacía para el mundo el Continente Americano y 251 años después, el 13 de octubre, de 1743, apareció fresca y perfumada una flor que engalanaría el bello rostro de nuestra amada Colombia, nacía para el mundo ZAPATOCA.
Hoy no vamos hablar de lo que fue la fundación propiamente dicha porque todos conocemos los esfuerzos realizados por Francisco Basilio de Benavides y Melchor de la Prada, para colocar a Zapatoca en el camino hacia el infinito; hoy vamos a revisar la historia y mirar hacia el pasado, a ese hermoso pasado en el devenir de nuestra patria chica; vamos a traer a la memoria los ecos de una época perdida en los archivos del tiempo, a mediados del siglo XIX; hoy vamos hablar de cómo vivía Zapatoca al comienzo de su peregrinar por los caminos de la historia, cómo era la Ciudad Levítica en 1840, en la época en que para venir de Guane, que quedaba a más de cuatro leguas, por caminos polvorientos por los ardientes rayos del sol, tocaba hacerlo a pie o a caballo porque no existían vías que señalaran los derroteros y el entonces caudaloso rió Saravita o Suárez, (según los españoles), se pasaba colgados por cabuyas de 104 varas de longitud, como si fuéramos micos cayendo de los árboles.
“La vida era solemne, puro y sereno el pensamiento era, sosegado el sentir como las brisas, mudo y fuerte el amor, mansas las penas, austeros los placeres, raigadas las creencias, sabroso el pan, reparador el sueño, fácil el bien y pura la conciencia”
En el año 1849, contaba Zapatoca con cerca de 2.000 habitantes bien aposentados en casas de teja ventiladas y limpias, distribuidas en manzanas cuyas calles empedradas se cortan en ángulos rectos que semejan un tablero de ajedrez; situado el pueblo en terreno abierto a 1.723 metros de altura sobre el nivel del mar, y que siempre ha gozado de una temperatura constante de 19 a 20 · centígrados, de aires puros, clima sano, como lo testificaba la larga vida de sus abuelos; una linda Iglesia de piedra y dos capillas menores; cinco escuelas primarias, cuatro escuelas privadas que contaban con pocos alumnos.
El viajero que llegaba a Zapatoca un día de trabajo juzgaba desierto el pueblo, pues ni en las ventanas ni en las calles se veía la gente, salvo alguna criada o un esclavo que iba presuroso a su mandado, o algún hombre que atravesaba la calle atento a sus negocios, todos los demás no eran visibles; los hombres pasaban la semana en las estancias, cuidando y mejorando sus labranzas, o andando en viajes de negocios por las ardientes soledades del Opón o por los pueblos inmediatos.
Las mujeres vivían en sus casas tejiendo los sombreros de nacuma, en cuya industria eran tan hábiles que no había labor que no imitaban, todo lo intentaban y en todo salían bien, ya que trabajaban desde el amanecer hasta la noche; si alguna visita llegaba , les procuraban asiento y sostenían la conversación, pero sin alzar las manos ni los ojos del sombrero que estaban tejiendo, porque indispensablemente tenía que ser terminado el sábado en la noche, para venderlo el domingo en el mercado.
Ese día, desde muy temprano se les veía salir a misa vestidas de traje entero de zarasa fina, pañolón en blonda, sombrero de reducidas dimensiones, fino y adornado con ancha cinta de lujo, y el pie ceñido por el alpargata nuevo; ni un vestido sucio, ni un harapo de miseria manchaba el cuadro animado que después de misa formaban en la plaza del mercado estas mujeres ejemplares y la concurrencia de los hombres vestidos de blanco, casi todos con su ruana. A las tres de la tarde cesaba el comercio de los sombreros, las mujeres volvían a sus casas con manojos de nacuma para empezar el sombrero que habrían de vender el domingo siguiente.
En las noches, antes de acostarse, el rezo obligado del Rosario en familia, era para todo el vecindario, una costumbre que venía de generaciones pasadas, porque la fe era para ellos, -y ahora para nosotros-, de ineludible trascendencia. Para estos habitantes no había ociosidad, no habían paseos, y rara vez en el año lograban la diversión del baile en un día de fiesta; sus costumbres eran buenas y en extremo sencillas, su trato amable y natural que nacía del sentimiento de su valer o de la satisfacción que no necesitaba ajeno auxilio para cubrir los gastos de la familia”.
El Parque, inicialmente desprovisto de árboles, (como bien se puede observar en fotografías antiguas), se iluminaba en las frías noches con cuatro velas de laurel sobre cuatro grandes farolas, colocadas, una en la esquina de la torre del templo parroquial y las otras tres, en las restantes esquinas de la plaza. Estas farolas se utilizaron desde el 12 de febrero de 1882, hasta el mes de junio de 1911, por orden del Honorable Cabildo de la época, cuyo Presidente era el Dr. José María Gómez y el Secretario, Juan de Dios Gómez Rueda.
La venta de mercado era total alrededor del parque; había dos mercados semanales, el domingo era el grande, y el jueves, uno rápido y pequeño para proveer de legumbres y frutas a los vecinos.
Desde la tarde del sábado aparecía la plaza colmada de hileras de productos agrícolas; hacia las cuatro de la tarde, comenzaban a llegar los agricultores arreando hermosos bueyes o borriquillos, o trayendo a la espalda los productos de sus labranzas, y tranquilamente los iban descargando alrededor del parque; las dejaban en sus mochilas o en cajas de madera o empacadas en nacuma y con helechos, con la plena confianza de que el domingo en la mañana encontrarían todo intacto para iniciar las ventas; en ese tiempo no se conocían los ladrones.
El domingo, desde muy temprano, se instalaban en la parte superior de la plaza pública, mesas protegidas del sol, con toldos blancos, para vender dulces, paja de nacuma para la confección de los sombreros, sal de Zipaquirá en terrones, azúcar en grandes panes, cacao en mazorca, porque el chocolate se hacía directamente en las casas-.
Así era la vida en nuestra amada Zapatoca, cuando aún el sol no había teñido con su rojo sangre las costumbres de nuestras generaciones; la inocencia y las sanas ideas eran el ingrediente que se necesitaba para buscar la paz en la convivencia entre los hermanos. El mundo ha cambiado y el vertiginoso descender de los siglos ha marcado , con hierro candente el proceder de la juventud y la niñez, llevándolos a situaciones que, en el presente se están saliendo de las manos de quienes tenemos la obligación de propender por el bienestar de nuestra juventud.
Zapatocas y amigos que nos acompañan, sigamos trabajando por amor y entusiasmo por esta tierra que nos vio nacer, para que podamos darle a las generaciones venideras la paz que necesitan para su propia supervivencia.
Muchas gracias.
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COLEGIO SANTO TOMÁS
(Palabras pronunciadas por el Sr. César Ardila Gómez, Presidente del CENTRO DE HISTORIA DE ZAPATOCA, con ocasión de las Bodas de Oro de los primeros estudiantes egresados del Colegio de Santo Tomás de Zapatoca, hoy Instituto Técnico de Santo Tomás, en la celebración de los 265 años de la fundación de la Villa de Benavides)
RESEÑA HISTÓRICA DEL COLEGIO DE SANTO TOMÁS
Compañeros académicos del Centro de Historia de Zapatoca, exalumnos de la promoción 1958 del Colegio Salesiano de Santo Tomás, alumnos del Instituto Técnico de Santo Tomás, señoras y señores:
Siendo el Sr. Toro, Obispo de la Diócesis del Socorro y habiendo visitado la parroquia de Zapatoca observó la falta que hacía un Colegio para la educación de los niños y lanzó la idea de que se hablara con la Comunidad de los Dominicos. Junto con el Dr. Claudio Acevedo Gómez viajaron a Chiquinquirá a comunicar su idea a un grupo de zapatocas. Como resultado, el 27 de octubre de 1912, se firmó en Chiquinquirá el Contrato para la fundación del Colegio Santo Tomás de Aquino, que debía durar hasta finales de 1930.
El 6 de febrero de 1913, llegaron a esta población el padre Ruiz, el padre español Jesús Fernández y el Hermano Gutiérrez, para abrir el Colegio en una casa de barro y teja, que había sido, a mediados del año 1800, el hogar del alemán Geo Von Lengerke y que fue comprada, por valor de $4.000, para esa Institución. Al día siguiente, el 7 de febrero de 1913, con 86 alumnos, el Colegio abrió sus puertas, siendo los dos primeros matriculados los niños Benjamín Ardila Díaz, quien, de acuerdo a la placa que figura en el parque de Zapatoca, “vivió para servir”, el segundo matriculado fue el sr. Luis Emilio Acevedo.
El tercer Rector del Colegio y uno de sus fundadores, el Padre Luís A. Fajardo, en 1923 importó para el Colegio una de las primeras estaciones receptoras que llegaron al país y que personalmente instaló, ayudado por sus alumnos.
Al paso de los años se le pidió al Ministerio de Instrucción Pública la facultad de conferir el Bachillerato en Filosofía y Letras. En respuesta a esta petición se condicionó dicho otorgamiento a la instalación de Gabinetes de Física y Química. El padre Fajardo, entonces, encargó a Europa dichos Gabinetes, que tuvieron un costo de 17.377 francos y que fueron pagados por la generosidad de los vecinos. Llegaron el 8 de septiembre de 1921, empacados en grandes cajas de madera de pino, traídas a lomo de mula desde Barrancabermeja y después colocados en vitrinas especiales que llenaban uno de los salones del Colegio. El mismo padre Fajardo, obtuvo del Ministerio de Instrucción Pública la facultad de expedir Diplomas de Bachillerato, en ciencias e idiomas y en Filosofía y Letras, el cual fue concedido el 10 de enero de 1922 y firmado por el Ministro Bonifacio Vélez.
El 16 de noviembre de 1925, bajo la dirección del padre Raymundo Rincón fueron graduados los primeros bachilleres, Srs. Luis Emilio Acevedo, Luis María Ardila, Luis Aurelio Díaz Orejarena y Pedro Alexis Ortiz. El contrato con los Dominicos se vencía a finales de 1930 y en ausencia del padre Provincial, que se encontraba en Roma, dejó en su reemplazo al Prior del Convento de Bogotá, el ecuatoriano, Fray Inocencio Jácome, de carácter fuerte y precipitado; este Sacerdote viajó a Zapatoca, a donde llegó a las postreras horas del día e inmediatamente envío un mensaje al Párroco Guillermo Gómez Ortiz, haciéndole ver su llegada y pidiéndole que lo recibiera esa misma noche.
Este apuro del Vice-provincial chocó con el orden estricto del Párroco, quien le envió a decir que al día siguiente lo recibiría gustoso en su despacho. El padre Jácome no quiso dejarse ganar del Párroco y regresó al día siguiente a Bogotá, dejando una nota al padre Gómez Ortiz, manifestándole que en tales circunstancias la Comunidad daba por terminado el Contrato al concluir el año lectivo de 1930.
En 1931, fue nombrado Rector el Pbro. Josué Gómez Parra; el Colegio funcionó bien, hasta 1934, pero se decidió la consecución de otra Comunidad Religiosa para darle mayor estabilidad al Colegio; en 1935 llegaron los Hermanos de las Escuelas Cristianas, pero se retiraron finalizando el año de 1936. En este corto periodo de tiempo el edificio fue bastante mejorado: en 1935 se compró toda la manzana, junto a la Plazuela de San Diego, para campo deportivo del Colegio.
En 1937 se cedió parte del edificio, en arrendamiento, al profesor Ángel Miguel Toledo, para el establecimiento de un Liceo de Primaria, que funcionó hasta finalizar 1938: durante este periodo, bajo la rectoría del Pbro. Dr. Sanabria, se organizó el Colegio para entregarlo posteriormente a la administración de los padres Claretianos, o Misioneros de la Inmaculada Concepción, quienes gustosamente aceptaron la dirección, en 1939.
En 1940, publicaron la Revista Ideales; en el primer número se registra la presencia de 155 alumnos, 45 de los cuales eran internos. Se construyó un largo tramo, desde la esquina suroeste hacia el oriente que se conservó, en su estructura general, para el desarrollo del Colegio, levantado posteriormente, por los Salesianos. Lamentablemente, el Consejo Superior de la Comunidad resolvió su retiro intempestivo, al terminar el año de 1942.
Entre los años 1943 y 1944, el plantel educativo permaneció lamentablemente con sus puertas cerradas, hasta que al fin, el 31 de Octubre de 1944 llegó a Zapatoca el Salesiano José María Bertola y dio el SÍ, para que el 21 de noviembre de ese año llegara el primer Rector Salesiano, el padre José Cancino, con el Sr. Andrés Ramírez. El 8 de febrero de 1945, la campana del Colegio, muda hacia dos años, volvió a resonar para recibir a los primeros 80 alumnos, de los cuales doce, eran internos.
La Providencia dio al Colegio, como nuevo Rector, al padre Leonardo Mascagni, quien planeó la construcción del gigantesco edificio que hoy conocemos y con capacidad para 1.000 alumnos. Después de tres años en la Rectoría fue reemplazado por el padre Idelfonso Gil, quien permaneció al frente de la Institución desde 1954 a 1962. En el año de 1958, hace 50 años, salieron los primeros Bachilleres Salesianos y segundos en la historia del Colegio, y hoy, al cumplirse los 265 años de la existencia de Zapatoca, están celebrando sus Bodas de Oro Bachilleres, los siguientes señores:
| Argemiro Vargas Ortíz |
Carlos Enrique Quijano Serrano |
Cristóbal Plata Castilla |
| Efrén Gómez Prada |
Saúl Latorre Ogliastri |
Gustavo Ortíz Santos |
| Reynaldo Acevedo Acevedo |
Jorge Gómez Posada |
Rubén Pinilla Plata |
| Sergio Sarmiento Gómez |
Gilberto Gómez Porras |
Humberto Chacón Maldonado |
| Jaime Ramiro Torres Franco |
En 1958 el entonces Colegio Salesiano de Zapatoca, otorgó el título de Bachilleres a los anteriores Alumnos, quienes se mantuvieron en permanente contacto durante 50 años, aunque sus actividades profesionales, comerciales o industriales los llevaran a distintas partes del mundo. El lunes 13 de Octubre se reunieron para recibir un homenaje muy especial de parte de la Alcaldía Municipal, el Centro de Historia y la Comunidad en general. |
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En 1953, la sra. Ana Dolores Rueda de Serrano, obsequió una lujosa Banda de Guerra y la Junta Pro Segundo Centenario de Zapatoca, obsequió igualmente instrumentos para una Banda Musical. Llegó entonces el padre Juan Martín Sierra, a quien cariñosamente llamábamos el Padre Juanito, quien organizó y dirigió la Banda por muchos años. Afortunadamente para el Colegio, en el año de 1957, después de ser Párroco de Agua de Dios, llegó a el padre Fernando Ortega de las Heras para dirigir la administración del Colegio y entregarse totalmente a Zapatoca, a quien amó intensamente como su segunda patria chica; la Ciudad Levítica le ofrendó igualmente su cariño y su gratitud, reconociéndolo como Hijo Adoptivo de Zapatoca. El padre Ortega, fue profesor, ecónomo, consejero y auxiliar de los alumnos y dirigió la construcción del edificio en forma personal y sacrificada. Falleció en Zapatoca el 9 de febrero de 1972, después de 15 años de amor y servicio al Colegio.
Al padre Gil, le sucedió el padre Pablo Medellín, a quien todos, por respeto y cariño le decíamos “Pablito”, quien fuera Rector durante uno de los mejores tiempos del Colegio, pues llegó a contar con 400 alumnos de secundaria, de lo cuales, 250 eran internos. En 1971, se integró con el de la Presentación y en Octubre de 1973, los Salesianos terminaron su obra y se fueron del pueblo, después de 28 años de labor educativa y progresista, clausurándose, lamentablemente, los dos Colegios, la Presentación y el Salesiano, terminando una época de renacimiento estudiantil en Zapatoca.
Para 1974 y 1987, las instalaciones fueron arrendadas a la Cooperativa de Ahorro y Crédito de Zapatoca. En el año de 1949 se inició la construcción, en la plazoleta San Diego, de un moderno edificio de dos plantas, quedando la obra inconclusa por diez años; con partida del Departamento se logró habilitar el edificio y el 2 de diciembre de 1963, se creó una Escuela Técnico Industrial, incorporada al Instituto Técnico Santandereano, que inició labores el 18 de febrero de 1964, con el nombre de Instituto Técnico Juan XXIII, que graduó sus primeros Bachilleres Técnicos, en 1977.
En el año 2000, el Colegio Santo Tomas se fusionó con el Tecnico Juan XXIII, para formar el hoy existente y reconocido Instituto Técnico Santo Tomás, que gradúa Bachilleres Técnicos, en Metalistería, Ebanistería, Electricidad, Mecánica, Dibujo Técnico y Comercio. Son ahora los alumnos del Técnico Santo Tomás a los que les corresponde escribir la historia moderna de nuestro Colegio. MUCHAS GRACIAS.
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NOTA DEL WEBMASTER: Zapatoca no sólo celebraba sus 265 años de fundación. Todo en su ambiente festivo cumpleañero estaba acompañado de orgullo histórico por los Primeros Graduandos Cincuentenarios del Salesiano y de honor y agradecimiento por el gran regalo que Fray ORLANDO RUEDA ACEVEDO, Rector de la Universidad Santo Tomás de Aquino —Seccional Bucaramanga— le daría a nuestra ciudad: SU HIMNO y el anuncio de que sería abierta una nueva seccional de tan prestigiosa universidad en nuestro suelo municipal.
Eran tres motivos de alegría, celebrados por todo lo alto, con toda la elegancia y formalidad debidas a esta clase de eventos públicos. Los zapatocas estuvimos muy elegantes y alegres en estos 4 días. No se vivía un jolgorio. Era una fiesta de 4 días que tampoco eran ferias.
Se destacaba una sensación colectiva de sosiego, igual al que se siente en una semana cultural, donde se combina el ambiente fetivo bullanguero con la formalidad impuesta por la academia. Así palpé ese espíritu zapatoca: alegría, orgullo, honor y fiesta.
En Zapatoca circuló como pan caliente un afiche muy hermoso que la Universidad Santo Tomás distribuyó entre los pobladores asistentes a la entrega formal del Himno a Zapatoca el día 12 de Octubre, mientras veíamos en pantalla gigante un estremecedor y tierno video sobre la historia de Zapatoca y su influencia en Colombia y Santander.
El afiche muestra claramente también el orgullo de la Iglesia Católica como generadora de desarrollo cultural y religioso en Zapatoca en sus 265 años. Es una fotografía muy hermosa de nuestra Iglesia San Joaquín, acompañada de 8 pequeñas fotografías de igual número de capillas de Zapatoca.
Pero en Zapatoca había otro afiche, UNO SÓLO, que también me llamó poderosamente la atención. Hecho al estilo de cartelera escolar, para unos escolares que hace 50 años se habían graduado y que registraba la bienvenida que Zapatoca daba a sus estudiantes.
Estaba a la vista del público que llegara al hostal LAS COLONIAS de propiedad de Ofelia Prada Rueda. Compartía espacio con el Afiche-regalo que Fray Orlando le había dado a los Zapatocas. La foto-testimonio la envió SERGIO SARMIENTO GÓMEZ uno de los 11 Graduandos Cincuentenarios.
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