Al llegar al lugar indagamos al chofer de la turbo que se encontraba listo para salir, como igual a uno de los empleados de la administración municipal y ambos nos respondieron que eran “órdenes del sr. Alcalde, para llevar esos bultos hacia la ciudad de B/manga para reciclaje”; nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que los tales bultos, 42 sacos grandes, contenían libros de toda clase: enciclopedias, texto de lectura, diccionarios en inglés, español, alemán; libros religiosos de toda índole, libros antiguos de enseñanza (ortografía, urbanidad, geografías, historia, etc).
Se llamó con urgencia al Personero de Zapatoca, Raúl Plata Bueno quien se hizo cargo de la situación; se solicitó la presencia del Alcalde, Octavio Gutiérrez Rueda, y cuando éste llegó, negó toda culpabilidad en el asunto, cuando minutos antes el conductor del camión, como igual el empleado municipal habían manifestado que habían sido “órdenes del Alcalde para llevarlos a Bucaramanga a reciclaje”. Igual se hizo presente la señora Bernarda Hernández Torres, encargada de la Biblioteca Pública Pedro Gómez Valderrama, y al preguntarle quién había dado la orden de semejante destrucción respondió que “la primera dama”.
Se encontraba en la ciudad el Enrique Cancelado, funcionario del Instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga, quien, con cámara de video tomó nota de esta absurda destrucción cultural. Llamó poderosamente la atención el hecho de que, entre los libros destruidos, se encontraban algunos, que con dedicatoria y autografiados, fueron donados por el Maestro Gustavo Gómez Ardila; el Dr. Cancelado no salía de su asombro contemplando aterrorizado la magnitud de esta tragedia.
En el lugar se encontraban, César Ardila Gómez, Presidente del Centro de Historia; Rafael Acevedo, Vicepresidente; Saulo Toledo Plata, Tesorero; Carmen Pinilla Díaz, Secretaria y los miembros de la Academia, Raquel de Pinilla, y Roberto Serrano Gómez; Reynaldo Díaz Rueda, Concejal y Josué Rueda, Presidente ONG Fundeza, como igual algunos turistas que se encontraban en Zapatoca con ocasión de la Semana Mayor, entre ellos, las hermanas Eulalia y María Eugenia Serrano Ardila y el señor Armando Serrano. Las gentes que pasaban por el lugar escuchaban escandalizados lo que estaba sucediendo, mientras observaban estupefactos la cantidad de pastas de los libros despedazados, tirados por el piso de la casona. Cuando comprobamos que los bultos de libros destrozados quedaban nuevamente en su lugar, nos retiramos, no sin antes comprobar que todo permanecía en su sitio.
Afortunadamente todo este engorroso asunto ya está en manos de la Fiscalía y la Procuraduría, quienes en últimas serán las que dictaminen quien es quién en este caso; esperamos, SÍ, amigos de los entes investigativos, de esta cuestión tan dolorosa para Zapatoca no se quede durmiendo el sueño de los justos, en los archivos judiciales. Por: Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca |